Encontrar un local que nos satisficiera para la Escuela en la calle Carranza no ha sido una labor sencilla.

Buscábamos un espacio grande, diáfano, con luz natural, céntrico y biw_MG_5w963en comunicado. La oferta en el centro de Madrid era amplia, pero nada se ajustaba a las características que desde el principio eran indiscutibles para nosotros.

Cuando nos enseñaron la que ahora es nuestra Escuela en la calle Carranza no lo dudamos un segundo, ¡era el sitio perfecto!

Pero quedaba darle vida, decorarlo, crear la Escuela que Valentín en su mente.

Crear los siguientes espacios pero sin perder nuestra esencia:

Una zona dedicada a la enseñanza. Compuesta de una gran mesa de trabajo para todo el equipo de alumnos y profesores, equipada con todo lo necesario para iniciarse en el arte del tatuaje y enamorarse de esta profesión.

Una segunda zona acristalada, que cumple todas las medidas higiénico-sanitarias exigidas legalmente para habilitarla como sala de tatuajes. Un lugar de trabajo desde donde los alumnos pueden llevar a cabo sus prácticas y observar el trabajo del profesor.

Y la zona de descanso y tentempié. Pensadas para los tiempos de desconexión y para conocer más de cerca a nuestros compañeros, configuran la idea original de nuestra escuela.

La iluminación natural y una cuidada luz adaptada a cada zona ayudan a la concentración, el trabajo y el descanso.

Nunca faltan las flores para alegrar el ambiente en el estudio, ni el piano. Dos señas de identidad desde los inicios del Estudio. Un concepto diferente, basado en el arte y que se aleja de cualquier estereotipo creado sobre el mundo de los tatuadores. Porque para Valentín el tatuaje es una forma de expresión artística; y como tal, requiere el ambiente de concentración necesario para realizar una obra de arte cada vez que coge los instrumentos de trabajo, o cuando transmite su entusiasmo por este arte a los alumnos.