Es curioso cómo desde hace unos años el público que viene a visitarnos a nuestro estudio de Madrid es muy diferente a la que antaño frecuentaban los centros de tatuajes, el pesado estereotipo casi marginal de personaje que cubría sus brazos de tatuajes deficientes ha pasado a convertirse en grandes amantes del arte, un arte más allá de lo urbano y estilo de vida joven; ha pasado a ser un arte personal e intransferible, la estudiada mancha de un gran recuerdo.

Hace unos meses vinieron unas señoras a hacerse su primer tatuaje al estudio acompañadas de sus nietas, las cuales ya estaban en la universidad.

Una de ellas, recientemente separada, se decidió por tatuarse unas flores en la zona lumbar; mientras duraba la sesión (una de las más divertidas que recuerdo) hablaba con su amiga de lo bien que se lo iban a pasar ahora en el gimnasio, pues por lo visto, en clase de spinning tonteaba con un señor que se siempre se ponía en la siguiente fila contigua a ella murmurando y sonriendo a las señoras siempre que tubiera oportunidad. Estaban seguras de que su nuevo tatuaje, le iba a encantar (incluso cuchicheaban de con qué malla se podía dejar ver más sutilmente).

Mi pregunta fue obligada ¿por qué te has decidió ahora a tatuarte? La respuesta suscitó este blog: siempre había tenido ganas de un tatuaje, es algo que ella veía muy de vez en cuando desde su juventud y siempre la curiosidad mantenía fija su mirada en adivinar que representaban. Con el tiempo fue viendo como los tatuajes eran más comunes pero no dejaban de tener un carácter negativo en la sociedad, incluso para sus hijos, lo veía impensable; con los años ha ido viendo como nuestra piel es el mejor testigo de nuestra vida, las arrugas, las cicatrices, las manchas desvelan cosas de nuestra vida pero no demuestran nada de cómo realmente somos, únicamente nos marcan, a nuestro pesar, con el decadente peso de los años. Un tatuaje para ella es un acto de rebeldía  tardía, pero una rebeldía inocente, ya a una edad y con nietos no tienes a nada a lo que enfrentarte sino a tus propios deseos que no has sido capaz de cumplir. Como ese antiguo refrán “no te arrepientas de lo has hecho sino de lo que has dejado por hacer”.

Ella entendió como un tatuaje representa una historia, es más, una propia historia mucho más interesante que cualquier otra que tu propio cuerpo pueda recordar. Una cicatriz es un recuerdo imborrable de una herida, una mancha un desagradable testigo, pero ¿y un tatuaje? Lo podemos elegir, diseñar, colocar, dimensional, etc. Podemos marcar nuestro cuerpo de por vida como las cicatrices pero ahora podemos, con ello, recordar y contar una  gran historia.

Desde nuestra escuela queremos apoyar a la dignidad del arte del tatuaje. Queremos que tú formes parte de nuestra historia, ya sea llevándonos en tu piel o aprendiendo en nuestra escuela esta profesión que cada día tiene mejor futuro.

Valentin Franco

Director y profesor en la Escuela Internacional de Tatuadores.